Cómo hacer buenos diálogos. Si tienes este secreto, sabrás cómo darle aire, naturalidad y trabajar un buen arco para tus personajes. Los diálogos son una de las partes clave de un libro. Mucha gente piensa que se colocan para crear equilibrio entre la narración y lo que te cuentan los personajes, pero esa no es la regla que los determina, ni mucho menos. Las funciones que cumple un diálogo son casi infinitas. Aquí te dejo algunas de las más importantes.
Cómo escribir un buen diálogo
Los diálogos es la parte una novela que mejor muestra a los personajes, pero tienes que elegir utilizarlos cuando la trama te lo pida. No se dialoga porque sí. Debes saber cuándo será mucho más efectivo lo que tienes que contar si lo haces con un diálogo.
No hay una regla exacta para saberlo, debes elegir si todo lo que tienes que contar: acción, voz y matices, será más nítido si se lo dejas mostrar a los propios personajes. Sirven para dejar que hablen, para permitir que el lector los conozca mejor, para dejar ver el tono que tienen o cómo se mueven. El secreto de mostrar se encuentra en los diálogos.
Datos necesarios
Al escritor hábil le permiten trufar determinados datos necesarios sin que el lector se entere de nada. Claro, que la clave es esta. Que interiorice esa información sin que apena sea perceptible. Casi como la publicidad subliminal. En el momento que el lector se entera de lo que estás haciendo, es un aggg como la copa de un pino.
Y me estoy arrepintiendo ya de haber puesto lo anterior. No puedo contar la de veces que me he encontrado en una novela parrafadas infernales, de esas que se tienen que poner comillas al cambiar de párrafo porque al autor le da vergüenza que vaya todo eso detrás de un triste guion de diálogo. Hay que tener mucho cuidado con esta técnica, porque no se debe percibir en lo más mínimo. Para que eso suceda, debes hilar muy bien cómo lo cuentas y la incorporación debe ser sutil y muy natural.
No puede ser que tenga que hacerles decir todo eso
La vida real versus diálogos
Seguro que ya has escuchado eso de que los diálogos no son como la vidareal. Si pusiéramos todo lo que pueden decir los personajes en una reunión de amigos, moriríamos de aburrimiento seguro. Debes medir bien qué dicen. Nada de palabras vacías, de repeticiones innecesarias. Porque si te dejas llevar por la naturalidad, te encontrarías con algo así:
—Hola, Julian.
—Hola, ¿qué tal?
—Bien, ¿y tú?
—Bien.
—¿Y el trabajo?
—Psss.
—¿Y eso?
—Trabajo mucho, no creas.
—Vaya.
—Sí, mucho.
—Yo también.
Qué, muy entretenido, ¿verdad?, pues así nos podemos tirar un libro entero y el lector se puede dar con una piedra en la nuca para terminar con la agonía. Los diálogos no se escriben como se habla. Nunca.
Diálogos orgánicos
Eso no significa que no sean naturales, es importante que el lector los lea y los integre como si fueran orgánicos y vivos. El secreto para hacerlo es que ofrezcan información necesaria para que la trama avance y vayan en consonancia perfecta con lo que es el personaje. Depende del momento. A veces, puedes usar un diálogo para añadir distensión o aire a la trama, en estos casos, solo sirve para ver moverse y hablar a los conversadores, sin que tengas que añadir datos muy relevantes. Aunque siempre teniendo en cuenta qué es importante, y qué no, para que puedas pulirlos y el resultado esté bien integrado en el resto del texto.
Sin interrupciones innecesarias
Un error común también es interrumpirlos para contar algo que haya salido a colación en la conversación. Algún antecedente, cualquier información que el escritor necesite introducir como sea y le parece que aquel momento es el más indicado para llevarse al lector al quinto pino y esas cosas. Cuando vuelve al diálogo, ya no sabe ni de qué hablaban antes los personajes. Y lo peor es que lo mismo ya no le importa. Lógico. Lo has perdido.
La única razón por la que está justificado interrumpir un diálogo es porque sea estrictamente necesario. Una interrupción muy muy leve y con sentido, que no rompa la magia de la conversación.
Es normal que cuando estás escribiendo te dejes llevar y ocurran estas cosas, pero no hay nada más molesto que te interrumpan una buena conversación. Si es mala, mejor lo quitas todo. Tal vez, aquello que querías trufar ahí es más interesante. Plantéatelo.
Economía comunicativa siempre
Intenta incluir en la acotación todo lo que tengas que decir al margen del habla de los personajes. Rápido y claro, muy claro. Muy rápido. Economía comunicativa al máximo aquí.
Las acotaciones siempre se refieren al personaje que habla. No introduzcas acotaciones de las reacciones de un personaje mientras habla otro. A no ser que sea estrictamente necesario y lo hagas de maravilla para que el lector ni se entere y pueda ver la escena en su cabeza de manera muy nítida.
No interrumpas las intervenciones para decir cómo reaccionan los personajes a no ser que sea…. Sí, estrictamente necesario. Busca la manera de contarlo mientras el personaje habla en las acotaciones.
Sirven para que el lector respire
Los diálogos sirven para darle aire a la narración, así que úsalos cuando la situación se ponga intensa y que el lector respire.
Por el contrario, cuando quieras emocionar, sentirte libre para contar algo o tengas mucho que sintetizar, narra. El narrador puede hacer maravillas con la tensión, describe mejor las situaciones. Por el simple hecho de que los personajes nunca se pueden salir de su perfil, deben evolucionar a lo largo de la trama de acuerdo a su personalidad y circunstancias, por eso es tan complicado utilizarlos para llevar a cabo algún trabajo sucio que no sabes cómo arreglar.
Y es que, demasiadas veces, se piensa que porque lo diga un personaje, al lector le va a gustar más y lo va a integrar mejor, pero si lo que dice no tiene sentido, no va con él, se sale de su tono y un etcétera eterno, no solo será un tostón para el lector, sino que habrás defenestrado a tu personaje.
Los personajes se ríen por no llorar después de la disertación que se acaba de marcar Manolo
Frases cortas y acción para tus diálogos
Al hilo de lo anterior, otro dato a tener en cuenta es procurar que los personajes no aburran a las piedras. No dejar que diserten eternamente. Frases cortas, acción y movimiento. Acotar muy bien la escena antes de introducir el diálogo para que luego tus personajes se muevan con fluidez. Un diálogo no es un monólogo.
Diálogos para mentir
Por otro lado, no hay nada como los diálogos para conseguir que los personajes mientan. En este caso, mide bien lo que dicen y cómo lo dicen. Si sabes manejar esta técnica sabrás cómo enamorar al lector. Le encanta hacer de detective.
Cada personaje tiene su forma de hablar y de moverse
Ahora una obviedad: cada personaje debe tener un tono propio y diferenciado cuando habla y este tono debe variar solo en función del arco evolutivo del personaje dentro de la obra. Es fundamental para que el lector pueda identificarlos. Te ahorrarás un montón de dijo, contestó, habló o explicó fulanito y todos esos verbos que inundan las acotaciones de los diálogos para poder identificar a cada uno de los personajes cuando hablan.
Cuidado con los verbos dicendi
Asimismo, no muestres tu riqueza de vocabulario con este tipo de verbos. Los dijo, exclamó, refutó, señaló… Solo sirven para identificar a quién habla, nada más, cuánto más desapercibidos pasen a ojos del lector, mejor. Está tan acostumbrado a ellos que casi ni los lee, pero si le resultan innovadores, levantarás una barrera entre él y el personaje, sin querer, pero ahí estará. Así que cuanto más usuales y discretos sean, menos notará que están ahí.
Bien encuadrados
Por último, otra forma de minimizar este tipo de verbos y de plasmas un buen diálogo es encuadrar bien la escena. Si atiendes además a los puntos anteriores y el lector es capaz de componer bien la situación en su cabeza y sabe cuántos personajes la integran, cada uno con un tono diferenciado, te ahorrarás muchas acotaciones y el diálogo conseguirá ser mucho más natural y rápido.
Personajes que se niegan a hablar con tanta regla impuesta
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